23 abr. 2015

Poesía #5



Novedad Julio

"La última frazada"
Joaquín Correa






 Colec. Poesía Contemporánea #5


Agustina Cataláno  
(fragmento del primer postfacio)
  
I

¿Se puede escribir sobre los amigos siendo justo con ellos y con sus libros? Yo supongo que no, que siempre queda algo por decir, por pudor o por negación, pero aún así se trata de decir algo, como sea posible. En mi caso, no puedo decir que mi lectura de los textos de Joaquín estuvo acompañada por la amistad que tengo con él sino más bien por la distancia. Es más, toda nuestra amistad está condicionada casi en su totalidad por los viajes de ambos; pasamos la mayor parte de nuestra relación hablando por teléfono, por e-mail, por redes sociales, aún cuando vivíamos a una cuadra de distancia. De esa manera fui leyendo fragmentos, ideas espontáneas que seguramente quedaron perdidas en la computadora, en el medio del proceso de componer un libro.


II

Para mí, leer los poemas de Joaquín es similar a escuchar su voz por teléfono o por medio de la computadora, como dialogar con él pero en otro formato. Y ahí también se lee a otros, en portugués, o no, a los grandes como Kafka, o no, como Claudio María Domínguez, porque en cualquier diálogo con Joaquín siempre están las citas sin comillas que le robó a Barthes hace años y logró convertir en un nombre propio. Joaquín escribió un libro de poemas que se pregunta justamente cómo escribirlos, sin rozar lo cursi y lo sentimental pero con al menos una certeza, sin excederse en las palabras y reposando, a veces, en el silencio. Y dice por medio de otros, en otros idiomas, pero siempre fiel a sus lecturas y a sus amigos que también están. 


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Agustín Barovero
(fragmento del segundo postfacio) 


Es Junio y Mar del Plata se llena, de a poco, de viento y de frio. Leo (y esa palabra está cargada de fortuna, de agradecimiento) las palabras de un amigo que me elige como lector. Leo todas las ciudades que atraviesan la escritura de Joaquín. Leo su dépaysement, leo nombres que me remiten a geografías y a su historia. Recuerdo, con ellas, anécdotas que me fueron contadas con el vértigo de la emoción recuperada, en bares, en vestuarios de fútbol, en fiestas. Recorro. Como antes recorrí páginas y páginas de fotos, de retratos, de fragmentos suyos, de Europa y de América.

Leo que estas palabras están, en "tono y atmósfera", hablando desde una incomodidad por extranjería, un dislocamiento. Joaquín ha escrito que "si los lugares son habitables a partir del nacimiento del amor, no hay otra identidad posible si no allí donde (se) suceden los abrazos". La falta de ese abrigo se hace, acá, sustancia vaporosa, siniestra, impensable que sume a la identidad en la niebla.

Artesanal, lúcido, crudo. Las capturas de Joaquín (de Joaco) revelan la partícula que pasa por alto el automático foco infinito. Su desamor, su heroico exotismo romanticista en bares de calles paquetas, su terror... todo fija y abre instancias, cuadros donde la palabra crea, como un diafragma abierto que se concentra en la nitidez de sólo un punto. Siento en esta colección esa capacidad hermosa de Joaco de inventar categorías, entidades, organismos, al tiempo en que trata de entender lo que atestigua -con el pulso del desenfreno que tiene su voz cotidiana-.

Esta escritura aparece en bordes, en líneas no previstas, en lugares donde se traspuso la habitabilidad y la amabilidad y lo único que queda es el papel como espacio en que intentar un rescate. La realidad, sus embates y atropellos crean un espacio estrecho, entre la espada y la pared, y sólo la concentración en la cercenada profundidad de campo puede hacerse de puntos estables donde asirse.



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