22 oct. 2013

Graciela Fernández & Ricardo Maliandi | Ensayos Ethonómicos | Colección Φ Filosofía





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Dos tópicos de nuestro tiempo, igualmente frecuentes y claramente contradictorios entre sí, son el de que “la ética está de moda” y el de que “la ética ya no existe”. Comparten un mismo carácter hiperbólico, ya que, aunque posiblemente se habla hoy de cuestiones éticas con mayor asiduidad que en otras épocas, ello no basta para considerar ese parloteo como una “moda” (y hay que tener en cuenta que muchas de las menciones son para negarla, de acuerdo con el segundo de los tópicos); y la pretendida no existencia suele aludir –de modo consciente o inconsciente--  a que  han cambiado las costumbres, que no forman parte de la ética propiamente dicha (si consideramos a ésta como “tematización del ethos[1]), sino en todo caso del ethos mismo, es decir, de la “moral”. Pero el cambio de las costumbres ha acontecido siempre, y no justifica que se lo equipare a una desaparición de lo que es su sustrato. Con este rodeo tratamos de expresar, en suma, que no creemos que la ética “esté de moda” ni que haya desaparecido. El ethos  forma parte de la naturaleza humana, y en verdad una de sus partes más complejas, de modo que siempre es posible dedicarle nuevas reflexiones y “tematizaciones”. Es lo que hacemos en el presente libro.
El título elegido inaugura el adjetivo “ethonómico”. Al menos, no sabemos que alguien lo haya usado antes. Lo hemos acuñado a partir de los vocablos griegos ethos (carácter; pero también costumbre) y nomos (ley, norma). Seguimos el mismo criterio con que se han elaborado términos como “economía”, “autonomía”, “agronomía”, etc., que desde hace  mucho tiempo están incorporados a nuestro idioma. Y es asimismo el criterio con el que surgieron más recientemente “etología” (o “ethología”) y “ecología”. Así parece lícito usar el  sustantivo “ethonomía” y el correspondiente adjetivo “ethonómico”, que designarían aspectos normativos del carácter y / o de las costumbres. Podríamos desde luego haber usado el clásico y antiquísimo término “ético”. Pero con ethonómico  pretendemos sugerir algo más específico y a la vez más modesto que “ético”. Aspectos como la ambigüedad de la conciencia moral, o la inserción de una antinomia moral en una letra de tango, o detalles del pensamiento ético kantiano –como su omisión de lo trascendental en la razón práctica, o nuestra duda entre justificar o rechazar su rigorismo--, o en fin, la presencia ineludible de la normatividad moral en la educación (el ethos en la paideia), pueden interrelacionarse precisamente en cuanto cuestiones ethonómicas. En un principio habíamos pensado usar otro neologismo: “ethoscopía”, “ethoscópico”. Pero en trabajos anteriores ya lo hemos referido a la metodología propia de la llamada “ética descriptiva”, un nivel de reflexión que no es el correspondiente a los presentes trabajos. Acaso la ethonomía resulte en definitiva un modo de no acceder a la opinión de que la ética “está de moda” ni a la de que ella “ya no existe”.

Los autores

Mar del Plata, octubre de 2013



[1] Cf. Maliandi, R., Ética: conceptos y problemas, Buenos Aires, Biblos, 4ª. ed., 2009, pp. 17 ss.


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